Conocer mujeres – 15919

Melissa Henao. Cuando llegué encontré que muchas mujeres cubrían cuidadosamente su cabello y su cuello. Algunas tenían sus ojos encerrados en velos negros y me llegué a espantar frente a esas ninjas perfectas, fantasmas entre las multitudes. Nunca me atreví a dirigirles una sola palabra. Son intimidantes. Sientes que no debes ni mencionarlas; es como si te rechazaran. Al cabo del tiempo encuentras que son solo tímidas y que su mala cara es un simple mecanismo de defensa.

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Para algunas personas la noche de bodas es inolvidable por las razones equivocadas. Estos son los testimonios de cuatro de ellas, cuyos nombres fueron cambiados a pedido suyo. Manchas de matanza Somayya tuvo que enfrentarse asu comunidad para poder casarse con Ibrahim, el hombre al que amaba. Todo parecía de ensueño. Somayya había apostado por el amor y el apoyo de Ibrahim. Pero la noche de bodas fue su primera decepción.

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Acompañar en WhatsAppCompartir Hace 4. Así, para garantizar la prolongación de su prole, los faraones propiciaban el matrimonio entre hermanos y entre padres e hijas, con el fin de preservar la pureza. Los egipcios vivían la sexualidad con mucha naturalidad y pragmatismo. Un mito recurrente en el Antiguo Egipto era el valor sagrado del esperma, recuerda un artículo del diario castellano ABC. Para los egipcios, el origen del mundo comenzó con el deidad Atum, que se formó de la nada, quien luego se masturbó y de su semén nacieron los otros dioses y el flujo del río Nilo.

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Puedo adivinar el tono triste del informe. La gravedad de la situación obligó a reaccionar el pasado septiembre a la Universidad Al Azhar, una de las mayores autoridades religiosas del islam, feudo del conservadurismo. Del gato no: solo sigue su instinto. Lo que hay que tapar es la carne, concluyó el predicador. El hombre —sostiene esta escuela— es un animal arrapiezo por naturaleza; si se quiere evitar que se abalance sobre una madama en la calle y así perturba el orden social, hay que evitar que tenga oportunidad para ello. Feed que evitar que haya mujeres en la calle o, si las feed, al menos hay que taparlas para que no se vea incitado a asaltarlas. Este es, precisamente, el alegación teológico que fundamenta el uso del velo islamista, conocido como hiyab. Porque, dijo, nadie quiere ver a una mujer atrayendo la atención de los hombres.

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