Mujer busca – 31735

June 18,am 0 0 Con el recuerdo de mis primeras dos clientas en mi mente, me desperecé en la cama del hotel. Esa mañana había quedado con Johana, la muchacha que contactaba con las mujeres, para ver un apartamento. Por eso al salir de la ducha decidí vestirme elegante, debía de causar una buena impresión a la dueña del piso que íbamos a ver. Para ello, elegí un traje de lino azul y una camisa tipo mao. Al mirarme al espejo, me gustó la combinación y silbando una canción, salí de mi cuarto. La noche anterior cuando hablé con mi jefa, le dije que me daba igual el tamaño del piso, lo que necesitaba era luz, ya que había pensado que un trabajo de pintor, me otorgaría la coartada para que muchas mujeres pasaran por él sin levantar sospechas. Al salir del Hotel, tomé un taxi porque el apartamento que íbamos a visitar estaba en el Soho, el barrio de los artistas, y aunque estaba en Manhattan era demasiado lejos para hacerlo andando. Nos habíamos citado en la puerta del edificio y como llegaba pronto, decidí tomarme un café en el Starbucks de la esquina.

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Había realizado un esfuerzo enorme escribiendo para los periódicos de España y América numerosos artículos, un cuaderno todas las semanas de mi Historia de la Guerra y dos novelas, Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Mare nostrum. No por tal cambio de ambiente dejé de trabajar. Esto fué todo. Como necesitaba seguir trabajando, me sentí atraído por la soledad bravía del Cap-Ferrat, península que avanza en el mar su lomo cubierto de pinos. Durante unos meses viví en el Gran Hotel del Cap Ferrat como en un convento abandonado.

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