Hombre con solo estero

El lobo, el bosque y el hombre nuevo — Parte 2 Senel Paz No cumplí mi palabra, y Diego tampoco la suya. Esta escala la determina la disposición del sujeto hacia el deber social o la mariconería. Somos aquellos — en esta categoría me incluyo - para quienes el sexo ocupa un lugar en la vida pero no el lugar de la vida. Como los héroes o los activistas políticos, anteponemos el Deber al Sexo. En mi caso, el sacerdocio es la Cultura nacional, a la que dedico lo mejor de mi intelecto y mi tiempo. Sin autosuficiencias, mi estudio de la poesía femenina cubana del siglo XIX, mi censo de rejas y guardavecinos de las calles Oficios, Compostela, Sol y Muralla, o mi exhaustiva colección de mapas de la Isla desde la llegada de Colón, son indispensables para el estudio de este país. Los homosexuales de esta categoría no perdemos tiempo a causa del sexo, no hay provocación capaz de desviarnos de nuestro trabajo.

Hay mucha variedad y en ocasiones solo tienes que echarle imaginación.

Eso es lo que se bailaba. Age mediados de los años 90s y en mi casa se celebraba el bautizo de uno de mis sobrinos, hijo de mi hermana mayor y la fiesta estaba en su brillantez. Mis piernas tenían un vello escasamente insinuado, como piel de durazno, y mi pecho ya mostraba cierta especificación adolescente. Sin embargo, seguía siendo un niño, y uno bastante introvertido para mayor abundamiento. Excepto por el baile. Era mi pasión.

Como enamorarlo si solo quiere sexo

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Voltaire decía que los peores misóginos siempre son mujeres. Debíamos aprender todavía que el Diablo creó la juventud para que cometiésemos nuestros errores y que Dios instauró la madurez y la vejez para que pudiéramos pagar por ellos. Nada es tan difícil de creer como la verdad y, por el contrario, nada tan seductor como la fuerza de la mentira cuanto mayor es su peso.

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